"Dos años transcurrieron al trote de la cotidianeidad, cada día igual al otro”. La ciudad del puerto tiene la barriga de agua espumosa el cielo de carne de sandía el camino rural para el apartadero una garita de señales y ninguna vía paralela una boca llena de viento una joroba maíz apretado muy espetado verde le pregunté por qué precisamente tú tienes que marcharte con esas gaviotas de tiza y le miré de lado mientras hacía las maletas